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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película “Watchmen”
Ramón Vidal
Watchmen

Esplendores y tormentos superheroicos

 

Por José Luis Vázquez

 

No gozó “Watchmen” (o Los Vigilantes) en el momento de su estreno, marzo de 2009, del éxito y reconocimiento que merecía esta felizmente arriesgada adaptación del prestigioso comic (o novela gráfica, como son denominados ahora) con guion del referencial Alan Moore y diálogos de Dave Gibbons. Toda una reinterpretación del mismo y del propio género. Una reflexión apasionante y densa. Y no era en principio nada fácil esta empresa, la de su conversión a la gran pantalla.  

 

Otra cuestión es la consideración que se le está otorgando con el paso del tiempo, habiéndose convertido en eso que denominan los modernos como “película de culto”, término por el que no me pregunten muy bien porqué siento alergia.

 

Cierto que inicialmente resultaba muy complicado que ese entrecruzamiento, esa combinación de pasado y presente se saldara con tanta desenvoltura y fuerza dramática como las finalmente conseguidas.  

 

Propone imágenes fascinantes (su mimo visual resulta evidente) y una forma de narrativa hipnótica, lo que provoca que su dilatado metraje pase como un suspiro.  

 

Zack Snyder, su firmante, ha demostrado en numerosas ocasiones, ser un director atrevido, innovador dentro de lo que cabe, o que al menos se la juega en cada proyecto y trata siempre (o casi) de proponer algo diferente, a veces con éxito alguna otra saldada con fiasco, como con la atragantable “Sucker Punch”. Aquí no dejó de ser fiel a ello.

 

Tras su sorprendente y deslumbrante versión de los espartanos de las Termópilas en “300” (además, se había estrenado tras las cámaras nada más ni nada menos que con la rompedora, poderosa y divertidísima “Amanecer de los muertos”, sin duda una de las mejores aportaciones al subgénero zombi), esta constituiría otra propuesta de indudable riesgo, saldada de nuevo, con el más gratificante de los aciertos creativos.  

 

Ofrece un torrente de imágenes, sonidos, montaje, diálogos y personajes que, eso prácticamente garantizado, no dejará indiferente a nadie. Y tanto texto como puesta en escena son de una meticulosa elaboración.  

 

Su reparto no puede ser más ecléctico y heterogéneo. Me cuesta destacar a alguien en particular, aunque por ahí ya asomaba ya palmito el que acabaría siendo inefable demonólogo o parapsicólogo Ed Warren de la espléndida -especialmente en sus dos primeras aportaciones- tetralogía sobre el matrimonio Warren, él y Lorraine (una siempre maravillosa Vera Farmiga). 

 

Propuesta de lo más reivindicable, a la que el paso del tiempo creo que la está poniendo en su merecido prestigioso lugar.

 

Desde luego, siempre me resultó, desde su mismísimo estreno, de lo más distinguida, elegante, profunda y diferente a cualquier otra propuesta de superhéroes en movimiento.