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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Un pez llamado Wanda"
Ramón Vidal
Un pez llamado Wanda

Memorable comedia de atracos y atracadores sonados

Por José Luis Vázquez

En 1988, con 78 años, el veterano y excelente director inglés Charles Crichton (uno de los puntales de la mítica productora Ealing: las magistrales “Oro en barras” o “Los apuros de un pequeño tren” llevan su firma, y por favor, no se vayan de este mundo sin ver su excepcional drama en blanco y negro “Corazón dividido” con el que garantizo llanto en torrentera), regresó al cine tras veintitrés años de ostracismo recluido intermitentemente en la televisión de su país (su última aportación para la gran pantalla había sido el thriller “Cabalgando sobre un tigre”) con esta absoluta genialidad de la comedia. En la que mezcló inmejorablemente un pelín de trazo grueso, “gags” en la mejor tradición del “slapstick” (el de los peces o el más truculento de los perritos, amén de gloriosos resultan descacharrantes) y un original y corrosivo sentido del humor.

  

Recurriendo a algunos de los geniales componentes de los en aquel momento extintos Monty Python, como John Cleese o Michael Palin, y a dos magníficos comediantes estadounidenses, un par de grandes actores en suma, como Jamie Lee Curtis –ésta también había sido la reina del grito con John Carpenter- y Kevin Kline, más una buena legión de magníficos característicos no demasiados conocidos del gran público pero reconocibles por sus rostros (Stephen Fry, Tom Georgeson), ofreció un disparatado y divertidísimo ejercicio de enredos y ladrones repleto de dinamismo.  

 

Su guion, del propio Crichton y John Cleese, es un mecanismo de relojería en el que se van acumulando situaciones llevadas al límite, traiciones entre sus personajes y todo tipo de ocurrencias. Desde luego, si quieren pasar un rato considerablemente divertido o revivir buenos momentos pasados, esta es su película. Y más en este tiempo en el que estamos tan necesitados de risas y sonrisas. 

 

Supone, además, un inmejorable ejercicio de auto crítica, poniendo a caldo tópicos y características de dicho paisanaje a uno y otro lado del Atlántico. Y yendo un poco más allá, el hecho de que un individuo tarado sienta más lástima por las muertes de unos chuchos que la de su anciana dueña, no tiene desperdicio alguno… e incluso resulta revelador, especialmente del tiempo actual.

 

Volvió a constituir otro estupendo ejemplo de colaboración entre estadounidenses y británicos con producción mayor de Metro Goldwyn Mayer. 

 

En el momento de su estreno fue un gran éxito comercial. Obtuvo diversos premios y reconocimientos: Oscar al mejor actor secundario (Kline) y 3 nominaciones más (entre ellas dos para Crichton como director y guionista), 2 BAFTA (mejor actor principal y secundario: Cleese y Palin) y el premio David di Donatello al mejor libreto extranjero.  

 

Como ha reseñado algún colega, “ostenta un récord que ejemplifica el poder de la recomendación boca a oreja, pues es la película que más tiempo tardó en llegar al número 1 de taquilla en USA; tras llevar 10 semanas en cartel, empezó poco a poco y a los dos meses y medio llenaba más cines que cualquier otra de la cartelera”. Algo que no extraña, pues el talento siempre debería constituir el mayor reclamo.