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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Sorry, Baby"
Ramón Vidal
Sorry, Baby

“Sorry, Baby”… Personal y ponderable acercamiento a esa cosa horrible

Por José Luis Vázquez

El cine independiente estadounidense no para de dar alegrías a borbotones en lo que llevamos de siglo. O, mejor dicho, utilizando el verbo en infinitivo y el pronombre personal, de dármelas a mí, para así no implicar a nadie más que al que firma esta reseña y no utilizar, por tanto, el molesto lenguaje de los políticos, o de algunos de ellos, ese con el que suelen hablar y erigirse en nombre de todos.

Desde “Ghost World”, “Waking Life” o “Memento” hasta las recientes “Un like para Bob Trevino”, “The Last Showgirl” o “Materialistas”, pasando por ingentes más como “Frozen River (Río helado)”, “Winter´s Bone”, “Pequeña Miss Sunshine”, “The Visitor”, “Bestias del sur salvaje”, “The Florida Project”, “CODA: Los sonidos del silencio”, “Monlight” (cuyo brillante hacedor, Barry Jenkins, es aquí productor) o la oscarizada y cercana en el tiempo “Anora”, las producciones destacados o excelentes se cuentan por centenares, o incluso si me remito a algunos años antes (estoy pensando en el deslumbrante despegue de los hermanos Coen con la fundamental “Sangre fácil”, ahí tienen también toda la filmografía del tótem Jim Jarmusch), por miles. Por cierto, en ello, en su auge y consolidación, aunque ni mucho menos fuera su descubridor, tuvo mucho que ver el hace escasamente un año desaparecido Robert Redford. Por supuesto, debería retrotraerme a la mismísima y rutilante serie B de a partir de los 40, o al referencial, indispensable John Cassavetes, cuya égida se extendiera a través de tres décadas.

A todas ellas se viene a sumar ahora “Sorry, Baby”, opera prima de la guionista y directora Eva Victor, que a su paso por los festivales de Sundance, Cannes o la Seminci, ha conseguido un merecido éxito y aceptación.

Sobre la misma, he leído un titular de un colega, Randy Meeks, que la condensa y explicita perfectamente, “le hace un corte de mangas al cine sobre traumas sexuales, riéndose a mandíbula batiente para sobrevivir al dolor”. También me resulta válido el que se refiere a ese de que da la vuelta a las narrativas ortodoxas para abordarlo.

Al plantarse ante ella resulta inevitable invocar otra muestra y otro tratamiento sobre la cuestión estrenado en 2025 con factura española. Me refiero a la apreciable “La furia” con una plausible e intensa interpretación de Ángela Cervantes.

La que aquí maneja el foco, la mencionada Victor, borda igualmente a su personaje desde otra actitud vital, perspectiva e incluso registro, que no tiene, ni mucho menos, porqué ser comparado. Y lo aborda alejándose del melodrama facilón, con inteligencia, sin restar un ápice de la gravedad de lo que arrastra su protagonista, pero aplicando sentido del humor, que siempre lo he considerado todavía mejor que ser gracioso, porque supone toda una actitud vital ante la vida y los reveses que ésta nos suele tener reservados. Desde luego, tiene mucho mérito lo conseguido en su debut en el campo del largometraje. Contar las cosas de la manera que lo hace apelando a buena parte de las características de ese cine “indie”, desde manejar con acierto un presupuesto modesto, tirar de intimismo del bueno y tratar temas con un realismo de lo más cotidiano.

Y es que la víctima que padece algo tan terrible como una agresión sexual, una violación, tiene todo o más derecho que nadie, a volver a reintegrarse cuanto antes a una vida normal, en la que es solo ella la que tiene que marcar las pautas de la recuperación, que se resumen en un disfrutar de la vida como crea oportuno y seguir adelante. Y “Sorry, Baby” no hace sino remarcarlo continuamente mediante una puesta en escena muy inteligente, la mollar, y casi inapreciable de la que no conviene desmenuzar demasiadas cosas sin antes haberla visto. Y no porque contenga ningún tipo de giro raro, sino por ese tratamiento tan particular dispensado por su autora.

Que se aborde el tema de fondo sin aspavientos, con agudeza emocional, de manera luminosa sin sustraer magnitud a todo ello, no deja, además, de suponer una opción del todo inusual, atípica. Y de lo más efectiva, debo apostillar. Evidentemente, no todo el mundo es capaz de reaccionar así ante algo tremendo, pero Victor es lo que decide exponer. Y no se olvide el nada nimio detalle de que es mujer la creadora de esto, pues en la mayoría de las ocasiones el punto de vista ha sido siempre masculino. 

Una de las tantas gratas sorpresas de lo que llevamos de floreciente 2026 cinematográfico.