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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Si no amaneciera"
Ramón Vidal
Si no amaneciera

Un clasicazo olvidado, sublime historia de amor

Por José Luis Vázquez

 

Partiendo de esa base con la que tanto suelo restregar acerca de que los gustos son intransferibles y particulares, creo que cualquier amante del cine que se precie (y a los que no, ni les cuento) no debería desconocer esta preciosa en todo el amplio sentido del término, esta excelsa y melodramática película perteneciente al Hollywood más clásico y resplandeciente, ese de comienzos de la década de los 40, cuando la Segunda Guerra Mundial se encontraba en su apogeo. Nada como el cine para combatir el horror.

 

Conviene dejar constancia de que su director, el tanto tiempo “olvidado”, postergado, Mitchell Leisen es uno de los grandes indiscutibles de la historia del Séptimo Arte. Se cuentan por decenas sus obras maestras. Les citaré esta vez tan solo precisamente diez, incluyendo la que aquí me ocupa y me apasionan: “La muerte de vacaciones” (literalmente, la parca tomándose unos días de asueto encarnada en ser humano), “Vida íntima de Julia Norris”, “La bribona”, “Recuerdo de una noche”, “Casado y con dos suegras”, “Medianoche”, “La bribona”, “Ella y su secretario”, “No hay tiempo para amar” y “Mentira latente”. 

 

“Hold Back the Dawn”, o sea “Si no amaneciera”, rodada por su autor entre “Vuelo de águilas” (se van a encontrar con una auto referencia a ésta en su comienzo) y “Capricho de mujer”, ha sido perfectamente definida por algún colega como “una historia fronteriza de matrimonios de conveniencia”. Pero, es más, mucho más, nada menos que una historia de amor más grande que la vida misma, espiritual sin apartarse de lo terrenal.

 

Por la definición de ese colega, se podría deducir que contiene inquietudes sociales y ambientales, lo cual así es, pero se acaban imponiendo los aspectos más dramáticos y desaforadamente románticos.

 

El argumento original parte de un relato de Ketti Frings, una cronista de revista de cotilleos cinematográficos de la época, que había pasado por una situación similar a la expuesta. Decidió presentarle el borrador a Arthur Hornblow Jr. y este a su vez se lo pasó al formidable tándem de guionistas formado por Billy Wilder y Charles Brackett, quienes ya habían colaborado con el director en dos anteriores y memorables trabajos, “Medianoche” y “Adelante, mi amor (Arise, My Love)”.

 

Convenientemente pulido por estos, añadiendo también Wilder algunas experiencias personales, pues en tiempos no muy remotos había ejercido como bailarín de alquiler para señoras -por ser fino- como modo de supervivencia, el resultado fue una formidable historia repleta de sensibilidad y encanto, de emoción y fina ironía, sin descuidar un particular y aliviador sentido del humor. Definitivamente lo que prevalecen son los sentimientos más fuertes que imaginarse puedan. Que esto es el Hollywood dorado, no creo que haga falta que lo subraye más.

 

Siguiendo mi línea habitual, no les voy a destripar muchas cosas del argumento, tan solo les indicaré que la cosa va de gigoló rumano ansioso por traspasar la frontera mexicano-estadounidense y obtener el visado por lo cual decide embaucar a una profesora norteamericana de enorme dulzura y delicadeza.

 

Los dos personajes están inmejorablemente perfilados por Charles Boyer, del que se hace obligado ser escuchado con su grave voz original, y una exquisita Olivia De Havilland, la cual gracias a una estratagema de los productores lograron que fuera cedida por Warner, que era poseedora en ese momento de su contrato. Su aspecto frágil y cándido era el perfecto para dar vida a esa mujer adorable, rebosante en fuerza interior y generosidad.

 

Sería nominada por este papel al Oscar a la mejor intérprete femenina, estatuilla que le fue arrebatada por su hermana y gran rival Joan Fontaine, a la que se lo otorgaron por su intervención en “Sospecha” de Alfred Hitchcock. Tal vez alguna de las diferencias irreconciliables que marcarían su posterior (no)relación, habría que buscarlas en esta circunstancia… aparte de otras alusivas a parejas masculinas.

 

El tercer vértice del triángulo está formado por una resplandeciente Paulette Goddard, una de las esposas de Charles Chaplin y actriz de una gran belleza, sensualidad y energía. De las pruebas que he tenido ocasión de visionar del magnífico documental “La creación de una leyenda”, creo que hubiera sido la candidata ideal para encarnar a Escarlata O´Hara en “Lo que el viento se llevó”, claro de no haber elegido a la inigualable e inmejorable Vivien Leigh.

 

Volviendo a lo que es la miga y el contenido de esta producción, hay que proclamar en voz alta que la dirección de Leisen es de una sensibilidad y emotividad dignas de la mayor de las causas y del más enfervorecido de los aplausos, al igual que enfervorecida es la manera en que nos expone la trama. Su estilo elegante, refinado, repleto de tacto y de una gran a la vez que sencilla complejidad psicológica, resulta tuna baza fundamental para el inmejorable acabado final.

 

Por poner un ejemplo, fíjense como resuelve la secuencia en una pequeña iglesia de la bendición a la pareja de enamorados entre luz de velas. O el momento en que con una vara determinan los hijos que van a tener. O ese poema recitado por el profesor holandés que figura a los pies de la Estatua de la Libertad.

 

Y aunque no haga en exceso hincapié en la problemática de la migración o en la descripción de la vida rural en comunidades aztecas, quedan perfectamente patentes otras inquietudes colaterales a la trama principal.

 

A título anecdótico reseñarles que los dos guionistas, sobre todo Wilder, se enfadaron de lo lindo porque Boyer se negó a rodar una escena bastante ilustrativa en la que hablaba con una cucaracha. Tuvieron que reescribir el guion, como consecuencia de ello. Como desquite le rebajaron diálogo a Boyer y le concedieron las mejores frases a De Havilland. A partir de aquí, se aceleró el salto tras las cámaras del primero para tratar de que no volvieran a ingerir en sus creaciones literarias.

 

La segunda hace alusión a Leisen, al que pueden ver al comienzo de la película haciendo de él mismo en los propios estudios de la Paramount, con fugaces apariciones de estrellas como Veronica Lake y Brian Donlevy interpretándose a sí mismos.

 

No pueden pasar por este mundo sin conocer esta maravilla. Inalterable al paso del tiempo.