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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Prisioneros"
Ramón Vidal
Prisioneros

Angustiosa, tenebrosa, escalofriante

Por José Luis Vázquez

“Prisioneros”, o el reverso de nosotros mismos, pues bien podría haber así titulado este comentario. “Prisioneros”, o el pozo en el que podemos convertir nuestra existencia si somos presos de nuestros más sometidos sentimientos, de nuestros principios, de nuestra propia ética. “Prisioneros” constituye el poderoso, el sensacional debut en Hollywood del imponente cineasta canadiense Denis Villeneuve, que ya nos asombrara a muchos poco antes con la verdaderamente estremecedora -su final es sencillamente brutal- “Incendies, título que deberían descubrir quien todavía no lo haya hecho. 

 

Cabría ser encuadrado dentro del “psychokiller” subgénero niños desaparecidos o secuestrados. Sus influencias son evidentes, van desde “Mystic River” hasta “Adiós, pequeña, adiós” (imponente debut de Ben Affleck tras las cámaras), o de “Seven” a “Zodiac” ambas de David Fincher. Respecto a estas dos últimas resultan muy acusadas. Se puede rastrear en planos casi calcados, ambientación, lluvia, lugares lóbregos, sótanos de casas… en decenas de detalles. Pero cuidado, ello no conlleva copia sin más o mimetismo alguno. Todo lo contrario, en este caso, supone un legítimo referente convenientemente reciclado.  

 

Villeneuve propone un relato crispante, tenso, tremendo, desgarrador, retorcido, complejo, absorbente, asfixiante, tortuoso que bucea en nuestras zonas más oscuras. Utiliza elegante e intensamente su cámara, maneja los travelling de manera sutilmente dramática, como esas leves aproximaciones a los edificios que resultan de lo más perturbadoras y elocuentes.  

 

Y lo enmarca en todo instante, ya desde su inicio, con esos primeros minutos de aparente bucolismo familiar, en una atmósfera malsana, permanentemente amenazadora. A ello contribuye la más que adecuada y brillantísima la fotografía del maestro de los claroscuros Roger Deakins.  

 

Constituye, además, un estudio de personajes de primerísimo nivel, un incisivo drama sobre la paternidad y la maternidad, una inteligente utilización de los códigos del cine negro, una certera descripción de unos individuos y una geografía muy del profundo Sur de los USA (de Georgia para ser exacto), en este caso anclados en urbanizaciones de casas desoladas, que no transpiran la vida de sus ocupantes, ni apenas comunicación. Un paisaje desolador pese a que lo pueblen seres humanos.

 

La propuesta cuenta con otro factor fundamental, unas interpretaciones de envergadura. Hugh Jackman lleva a cabo el que, probablemente, sea uno de los papeles de su vida hasta la fecha, en la piel de un personaje complicado, muy físico que traspasa las lindes de lo debido, que saca lo peor de sí mismo en aras a la mejor de las causas, algo muy humano, muy reconocible, muy entendible pese a su errático discurrir.  

 

Jake Gyllenhaal es su magnífico envés, un tipo que experimenta cierta redención. Les arropan las formidables María Bello, Viola Davis o una irreconocible Melissa Leo (“The Fighter”, “Frozen River/Río helado””), amén de otras dos apariciones de lo más inquietantes, la de Dylan Minnette (el chico de las serpientes) y el mentalmente infantil conductor de auto caravana Paul Dano, todavía muy incipiente y jovencito.  

 

Una película mayúscula, una de las grandiosas de la magnífica añada de 2013. Junto a “Gravity”, “Stoker”, “La mejor oferta”, “Rush”, “Star Trek: En la oscuridad”, “El lado bueno de las cosas, “Bestias del sur salvaje” y tantas otras.