Pasar al contenido principal
Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de a película "Hamnet"
Ramón Vidal
Hamnet

Jesse Buckley principalmente, el resto bueno está

Por José Luis Vázquez

“Una experiencia cinematográfica monumental”, “Una soberbia exploración del dolor”, “Una película perfecta” son algunos entre otro muchos de los comentarios elogiosos cosechados por esta producción estadounidense con importante colaboración británica, pero que yo no acabo de verlos, no los comparto. Tengo claro que con otros que suelo hacer yo pueden provocar lo mismo en los demás. No pasa nada.  Esta es la gracia del cine, del arte en general y de casi todo.

Para mí “Hamnet” es sobre o, ante todo, Jessie Buckley, actriz de 36 años en su esplendor en la hierba (adorable en la modesta pero simpática “Pequeñas cartas indiscretas”), su protagonista femenina, la nemofilista, la casi inventada o “reimaginada” (apenas existen registros fidedignos) esposa -Agnes- de un personaje tan “enigmático” e “insondable” como el Bardo por excelencia William Shakespeare. Aquí encarnado por un Paul Mescal recién cumplidas (el 2 de febrero) 30 primaveras. Esta vez no tiene ocasión de lucirse, pues ya desde su desflecado guion salvo en los primeros compases no muestra la relevancia esperada, no pasa de la simple corrección.

La que lo acapara todo es la irlandesa que no me extrañaría nada que arramplase con el Oscar o con otros varios galardones más, como el Bafta. Se vuelca, se entrega completamente, a veces lindando con el exceso en esa personificación de la pérdida, de la ausencia del ser querido (su vástago), del dolor más punzante. 

Precisamente lo que ella representa (y conste que también trata sobre la inspiración, de la creación artística o de la situación de la mujer en tiempos difíciles) pues la aflicción de él es más callada y está menos desarrollada es la esencia del último y para quien esto firma menos logrado trabajo de una brillante directora, Chloé Zhao, de escasa, pero justamente prestigiosa filmografía compuesta por 5 títulos (“The Rider” es mi favorito hasta la fecha, Oscar por “Nomadlanda) que pese a los numerosísimos laudos acumulados no me parece que haya hecho aquí su mejor trabajo, desde luego no es el que más me ha arrebatado hasta la fecha. 

Digo más, salvo sus últimos y catárticos veinte minutos a propósito de la representación de “Hamlet”, nombre que se nos explica al inicio es equivalente al de Hamnet, en el legendario The Globe Theater, me deja más bien frío e incluso en algunos de sus tramos llega a resultarme aburridilla. Esa larga secuencia final redime en parte lo anterior. Y bien que lo siento, pero en general no me provoca emoción, al contrario de lo que les pasa a tantísimos espectadores. Además, me acaba saturando tanto dolor y sufrimiento

 Y aunque Zhao ha desarrollado íntegramente en Estados Unidos, su forma estetizante y parsimoniosa de hacer cine puede delatar su origen asiático (chino concretamente, posee la doble nacionalidad). Me refiero a cierta mirada contemplativa y pausada. Y esto no es mejor ni peor que otras opciones, a veces me llega y otras, como esta vez, no tanto.

Visual, sonora, técnicamente no tengo demasiados peros que ponerle, pero no basta para que se gane mi adhesión. No creo que sea rival para “Una batalla tras otra” en la inminente ceremonia de las estatuillas doradas para las que pondría en segundo lugar a “Marty Supreme” (creo que esa vez no se le escapará el premio a Timothée Chalamet) y el fascinante “Frankenstein” de mi adorado Guillermo del Toro. 

Si alguna vez lo han hecho, esta vez no se fíen demasiado de mí y actúen -como en realidad se debe hacer siempre- en base a su instinto cinéfilo. Eso sí, una última reflexión. Llámenme burro, insensible, cursilón, pero sin tener nada que ver salvo en lo referido a su protagonista masculino, prefiero la mucho más liviana y vistosa “Shakespeare enamorado”. Aunque eso sí, me gusta más que “El cautivo” sobre otro ilustre coetáneo literato.