Pasar al contenido principal
Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "El niño"
Ramón Vidal
El niño

Destacable cine de género español

 

Por José Luis Vázquez

 

“El niño” supuso, para quien esto escribe, una de las mejores películas españolas de 2014 tras la imbatible “La isla mínima”, y junto a “Ocho apellidos vascos”, “Carmina y amén.”, “Loreak (Flores), “Magical Girl”, 10.000 KM” o “Hermosa juventud”.

 

De una gran factura y un considerable nivel técnico, no da tregua de principio a fin. Además, es aún más trepidante cuando tiene precisamente que serlo (las secuencias de persecuciones con helicópteros y fuerabordas demuestran gran poderío y oficio, nada que envidiar al gran cine de acción norteamericano), es graciosa cuando la ocasión lo requiere, turbia como buen relato negro por mucho que esté ambientado en espacios abiertos y luminosos… y también es sentimental en pequeñas pero oportunas dosis.

 

Tal y como ha sugerido algún compañero, de acuerdo en que tal vez la historia de Luis Tosar y Bárbara Lennie se encuentra un tanto diluida, pero la del protagonista con la guapa actriz marroquí Moussa Maskri está tratada con mucha delicadeza. Sus escasísimos momentos eróticos cuentan con un atractivo y pudoroso tratamiento estético, están filmados con elegancia y estilo, algo no muy habitual en nuestro cine a la hora de abordar este tipo de escenas.

 

Situaciones y personajes exudan credibilidad, veracidad. La solidez que lo impregna todo parte de un guion realista, documentado y que apenas demuestra agujeros. Todo casa, aunque el trasfondo recurra a lugares comunes. Los que no lo resultan tanto son los escenarios elegidos, ese trecho marítimo del estrecho de Gibraltar en el que numerosos capos de alta o baja estofa, inflan económicamente sus faltriqueras con el contrabando de drogas, con la aquiescencia de poderosos y fuerzas policiales a uno y otro lado del continente.

 

Fueron varios los colegas que encuentran similitudes con la serie “El príncipe”. Al desconocerla lamento no poder encontrar esas conexiones. Supongo que al estar Mediaset detrás, algún sello de fábrica puede ser reconocible. Lo que sí me resulta más diáfano es esa extrapolación del gran cine “noir” norteamericano a latitudes y temperamentos hispanos. Al "sumidero de Europa" como perfectamente definiera Roberto Piorno su localización geográfica.

 

En ello tiene que ver en gran medida el olfato para hacer un cine comercial riguroso e inteligente, con influencia claramente hollywoodiense, algo de lo que siempre ha hecho gala su director, sin renunciar en ningún momento a su identidad nacional.

 

Y es que el mallorquín Daniel Monzón, ya ha demostrado con creces una capacitación considerable para abordar cualquier tipo de género, desde la comedia más enloquecida (“El robo más grande jamás contado”) hasta el suspense en el mejor estilo “hitchcockiano” (“La caja Kovak”) o la revisión con sentido del humor del mundo de los héroes de comic (“El corazón del guerrero”). Pero, sin duda, el que fuera su mayor hito hasta este momento, había sido la estupenda “Celda 211”.

 

Aquella era una historia carcelaria y de supervivencia que vuelve a compartir con esta el protagonismo de Luis Tosar. Allí, en el rol de esa bestia con entrañas, Malamadre, resultaba muy difícil de olvidar. Aquí, no se muestra tan intenso, pero al ser uno de esos actores camaleónicos que se puede permitir lo que sea porque su presencia siempre resulta potente, tampoco supone una excepción, sino una nueva reafirmación.

 

Y claro, me encanta también el puñado de actores de los que aquí se rodea. Antes he mencionado a las chicas, pero el elenco de chicos que le acompañan es de lo más vigoroso. Desde los más veteranos, como Sergi López o Eduard Fernández, ambos pechando con papeles de enjundia, hasta esa revelación gaditana llamada Jesús Castro, joven actor de pasmosa naturalidad y físico considerable, o su compañero de correrías, el simpático y desenvuelto “outsider” Jesús Carroza.

 

Pese a todo este montón de virtudes citadas, a su gran acabado, no me deja el poso definitivo de “Celda 211”, pero menudo estupendo rato se pasa contemplándola. Con cinco “Niños” al año, el cine español seguiría pudiendo salvarse, aunque hace tiempo que ha alcanzado unas cotas de calidad en sus mejores títulos francamente destacable.