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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "El médico II"
Ramón Vidal
El médico II

Prolongación e idéntico empaque de un éxito contrastado

Por José Luis Vázquez

“El médico” en un principio fue un novelón de más de 800 páginas, un best seller, del estadounidense -de Worcester, Massachusetts- Noah Gordon, publicado en 1986. En 2013 sería adaptación cinematográfica de producción germana, y ahora treces años después de ésta, salta otra vez a la gran pantalla en una extensión argumental que ya no responde a ningún referente literario, sino a la propia imaginación del guionista y director de aquella primera salida a escena, el también alemán Philip Stölzl (en colaboración con su compatriota Jan Berger y la sueca Caroline Bruckner). Repiten en la coctelera con acierto aventuras, esteticismo, sentido narrativo y un poquito de reflexión

Me resulta obligado remitirme a aquella primera reseña escrita con motivo de aquel primer estreno, recuperando y destacando cualidades similares. Es decir, ese latido principal y de fondo que gira en torno a la exaltación del conocimiento, la razón y la tolerancia. De cuando hubo un breve o no tanto período en que fueron capaces de convivir más o menos las culturas y religiones cristiana, islámica y judía (parece mentira, eh).

En esta ocasión introduciendo un elemento que me resulta de lo más atractivo, como es esa especie de canto o invocación a ese mundo celta medieval -del siglo XI- que tanto me fascina.

Continúan pues las andanzas y aventuras del médico Rob Cole (encarnado con plena convicción y resuello por Tom Payne) en su permanente búsqueda del saber y su práctica o difusión, que regresa a su tierra londinense tras verse obligado a huir de esa Madraza abierta de miras debido a una revolución integrista. Pasan los siglos, pero no dejan de repetirse las situaciones históricas.

Al igual que su antecesora pese a su duración (otras casi dos horas y media, que pasan ligeras) resulta amena, distraída en todo momento y francamente espectacular, se hayan utilizado con más o menos profusión los CGI, pero se ha hecho bien, que eso es al final lo que importa.

En cuanto a su reconstrucción histórica vuelve a manifestarse esmerada, o esa impresión me da porque desde luego desconozco en gran parte los detalles históricos del momento. Pero vamos, luce muy bien, está irreprochablemente empaquetada.

Como aquellas fastuosas y añoradas producciones del Hollywood más dorado, se presenta como una historia más grande que la vida, tanto por ornamentos de todo tipo como por vocación.

Ya aquella primera versión concitó en España a más de un millón de espectadores, cifras que podrían ser similares, aunque sea un tanto precipitado afirmarlo, parece ser que el público la está respaldando. Lo merece.