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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "El agente secreto"
Ramón Vidal
El agente secreto

Me pierdo

Por José Luis Vázquez

Son varias las ocasiones en las que en estos últimos años me planteo si no estaré ya perteneciendo a una estirpe de cinéfilos en vías de extinción o fuera de lugar, y no porque me haya quedado anclado en el resplandeciente pasado clásico, o por ser incapaz de adaptarme a los nuevos tiempos, sino por una mera cuestión de gustos predominantes o tendencias. Y eso que me considero defensor de buena parte del cine actual. Reconozco que son “flashes” pasajeros ante los que al final impongo lo que se debe imponer, el principal mandamiento cuando uno se dedica a escribir de cine o en tantísimos otros aspectos en la vida, el de ser sincero con uno mismo.

Viene esto a cuento del último y -entre mis colegas de profesión, conviene aclararlo- aclamadísimo estreno de relumbrón, “El agente secreto”, un título no precisamente original, dirigido por Kleber Mendonça Filho, todo un retratista, y esta nueva salida a escena no supone una excepción, de su ciudad natal, Recife, a la que siempre ha dedicado en la gran pantalla bellas estampas y pliegos.

El caso es que supone la décima y última propuesta de la terna de películas candidatas al Oscar, lo cual me sirve para hacer un condensado breve. Hay 7 que me gustan mucho o que simplemente me parecen magistrales. Por orden de preferencia, tal y como he ido dejando constancia a través de las reseñas para este periódico a lo largo del pasado año de 2025 y los dos meses de lo que llevamos de este: “Una batalla tras otra”, Los pecadores”, “Frankenstein” de Guillermo del Toro, “Marty Supreme”, “Sueños de trenes”, “F1” y “Valor sentimental”. Hay una que la veo sin enojo, pero que no me acaba de prender, me deja frío, salvo por su protagonista femenina, la excelente Jessie Buckley: “Hamnet”. La penúltima me parece una soberana sandez, aunque de su moderno e idolatrado director deba reconocer que anteriormente me hayan gustado muchísimo “La favorita” y “Pobres criaturas”:  me refiero a “Bugonia”. Y luego está la que aquí me trae hoy ante ustedes, “El agente secreto”, que me resulta de lo más liosa, pero que tiene cosas a valorar.

Esta misma está nominada como mejor producción internacional junto a -de nuevo léase por orden de preferencia- “Valor sentimental”, “Un simple accidente” y “La voz de Hind”. La situaría en cuarto lugar empatada con nuestra representante “Sirat”, otro ejemplo de apuesta con buenos mimbres e intenciones, pero que me acaba dejando un tanto plof.

En fin, ahora que estamos casi en la antesala de la entrega de los Oscars, me venía bien su estreno para posicionarme en lo que a mis preferencias cara a los mismos. Por eso hoy, la crítica lo es menos y la posibilidad de tocar otras cuestiones ocupa más espacio, algo que asumo con todas las de la ley e intención en mis más recientes escritos para desesperación de bastantes. Pero esa es mi elección.

Centrándome ya en lo que me inspira, quiero dejar claro en primer lugar que la gran apuesta carioca de la temporada que sí me arrebató para su causa fue la del año pasado, “Aún estoy aquí”. Establezco dicha comparativa porque ambas hurgan en la memoria del país y en su pasado dictatorial. Ahí se quedan las semejanzas. Ser un sentimental sin remedio suele provocar preferencias como la mencionada.

Lo cual no supone que no tenga en consideración algunos aspectos positivos. Por ejemplo, me encanta la secuencia inicial, la de la gasolinera y el fiambre, que sí es capaz de perturbarme y ponerme en situación acerca del desconcierto general del momento.

A partir de ahí, intento prestar máxima atención porque una característica que sí creo que está lograda es la de capturar una determinada sociedad y un cierto estado de ánimo envilecido. A ese respecto, le pongo buena nota. Al igual que a su estética setentera y a ese colorido recifense al que me refería al inicio. O a sus invocaciones cinéfilas, bien engarzadas, a propósito, especialmente, de las justamente referenciales “Tiburón” o la profecía.

También me resulta de lo más destacable la poderosa presencia de su principal intérprete, el formidable Wagner Moura, recordable entre otras por sus inolvidables apariciones en “Civil War” o en la gran serie “Narcos”.

Todo ello se me desmorona en buena parte por una cuestión tan esencial como es siempre la del guion. El aquí propuesto me parece embrollado, espeso. Como pueden leer en el subtítulo me provoca que me acabe perdiendo, y bien que lo siento. Ah… y como película de espías, género que me encanta, es palidilla, le falta pegada, salvo en alguna secuencia de acción -la de la peluquería- resuelta con verdadera ansiedad y contundencia.