¡Padres! ¡Hipocresía social!
Por José Luis Vázquez
Leo fugazmente en Google una frase condensada de un colega, Enric Alberó, a propósito de “Altas capacidades que, aparte de provocarme una mueca cómplice me resulta de lo más original, aguda y certera, “es como Padre no hay más que uno, pero dirigida por Michael Haneke”. Una vez disfrutada su proyección advierto bastante de ello.
Y es que tras su apariencia de comedia apacible se esconde una feroz diatriba, toda una disección sobre la -errática- educación de los hijos y la permanente lucha de clases, mostrada de manera un tanto más fina o sutil y rebosante en aspereza y mala racha.
Desde luego, puede provocar sonrisillas o incluso algunas risillas en algún momento (incluso me he quedado otra feliz expresión ajena debida a Rubén Romero, “carcajadas que escuecen”), pero estas se revelan casi siempre sordas, congelantes, quirúrgicas, como si de puñaladas aviesas se tratara.
Y es que el director y guionista Víctor García León, hijo del referencial José Luis García Sánchez (“Las truchas”, “La corte de Faraón”, “Suspiros de España y Portugal”), algo en lo que ya se está convirtiendo poco a poco también él, ambos de estirpe “azconiana” (por si hiciera falta matizarlo, me refiero al genial libretista y escritor Rafael Azcona, el mejor de toda la historia del cine patrio) y el también notable guionista -y cineasta, ahí están “Pagafantas” o “Negociador” como respetables tarjetas de presentación-, lo han vuelto a hacer, dado de nuevo en la diana y obtenido una penetrante e inusualmente elegante radiografía de personajes y pintura de nuestro tiempo por estas nuestras albercas reconocibles.
En este caso a costa de educandos y paternidades erráticas, equívocas, pónganles ustedes aquellos calificativos que consideren más oportunos, arrastrados por una sociedad clasista apenas encubierta, pues tal “envoltorio” pronto acaba hecho trizas, en las que el poderoso ascensor social continúa constituyendo un poderoso y devastador reclamo.
Como será la cosa que el único personaje relativamente “positivo” que encuentro es la -sin llegar la sangre al río, no en cambio en lo referido a su marido- expeditiva viuda de un narcotraficante al que nunca vemos y que al poco de iniciado su metraje desaparece abatido… y les aseguro que desvelar esto no creo que constituya un flagrante spoiler. Todos bajo el manto de un tipo de comedia, bastante árida en su fondo, que tanto predicamento ha tenido siempre a lo largo de la historia del cine español, fueren cuales fueren sus múltiples manifestaciones, desde la más populista o bien refinada como es esta.
Ya saben que la definición de comedia lleva implícita innumerables variantes, registros, enfoque y tonalidades. Las de “Altas capacidades” son inusuales por estas latitudes, beben más en cierta tradición nórdica o incluso británica, pues tras su aspecto sobrio y contenido alberga numerosas cargas de profundidad. No hay más que detenerse atentamente en sus costurones ejemplarmente hilados. Alguno tan descollante y destacable como el de la reunión de pijorros o ejecutivos en el baño de las hijas de un espléndido Juan Diego Botto, que dejan al descubierto un panorama negrísimo y de lo más revelador. Y no diré más para ajustarme a las -elevadas- capacidades de las que hacen galas sus creadores y no apartarme de lo nada estruendoso, pero sí demoledor, contemplado en pantalla.
Y sí, estamos ante un exponente del género que bien podría ser definido de diversas maneras, y casi todas válidas, desde ácida a desazonadora o incómoda, que vuelve a poner en solfa que este es un país -supongo que en tantos del resto del orbe pasará algo parecido, pero me refiero al que vivo y quizás conozca un poquito más- en el que la meritocracia es constantemente relegada y masacrada en favor de una apariencia y un estatus económico impuesto en tantas ocasiones.
Sinceramente, tal como sucedía en “Parásitos”, creo que no salva a nadie, aunque se pueda advertir que su testuz se incline más hacia lo público que a lo privado, pero creo que, de una manera u otra, todos ellos, los establecidos o los arribistas, quedan mal parados, o así me lo parece o simplemente tal vez me traicione mí propia visión liberal del mundo, pues no se olvide que con el cine, con el arte en general, se puede practicar el proceso deforante de la mismísima realidad.
Pero incluso aunque no fuera del todo como lo describo, la miseria de la condición humana es la miseria de la condición humana se sitúe donde se sitúe, pues si de seguir hablando en primera persona se trata, he conocido prácticamente en igual porcentaje, por poner un ejemplo ajeno o no tanto, a empresarios y proletarios tanto admirables como despreciables. Y es que cada vez desprecio más los sectarismos, los fariseísmos y los dogmas de cualquier signo referidos al colectivo social que sea, pues los de muchos políticos de todo tipo y condición a veces superan incluso a los religiosos. Cada vez más aplastantemente juzgo al personal por lo que hace y no por lo que representa. Y, por favor, que nadie me diga lo que es o me muestre siglas, simplemente que me demuestre lo que es. Bob Dylan casi lo vino a decir, la respuesta está en el viento. Y disculpen este último párrafo disgresor, pero me apetecía soltarlo y esta película me venía perfectamente para ello. ¡La de cosas que provocan las pelis, sobre todo en quienes tenemos vocación de filósofos de la calle o de medio pelo!
Retomo el hilo. Lo paso francamente bien y disfruto ampliamente con su escritura y con una más que hábil puesta en escena. Y Diego Botto aparte, raya a gran altura el resto del elenco, pero por destacar a alguien más lo haré con quienes encarnan al matrimonio protagonista, una ya más que consolidada Marián Álvarez e Israel Elejalde.
Yo que ustedes le concedería una oportunidad. Es el segundo mejor estreno español que he visto en este primer tercio de 2026, por detrás del exultante de “Rondallas”. Por cierto, aprovecho para introducir una última reflexión. De las producciones que están arrasando actualmente en las taquillas, “Torrente presidente” (ésta sencillamente es un fenómeno), “Amarga Navidad” y “Super Mario Galaxy” (con el agravante o atenuante, según como se quiera ver, que en mi ya considerable existencia jamás he jugado a un videojuego), ninguna de ellas me interesa. No, si al final tanto meterme con ellos y acaba resultando que soy uno de los mayores gafapastas, alternativos y culturetas que pululan por las salas. Ya casi solo me gustan -es un decir eh, que también me apunto a buena parte de lo popular y taquillero- propuestas minoritarias como ésta, “Little Amélie”, “Sorry, Baby”, “EPIC: Elvis Presley in concert”, “Sin piedad”, “Arco”, “Song Sung Blue: Canción para dos”, “El mago del Kremlin”, “Send Help (Enviad ayuda)” o “Rental Family” entre otras varias vistas en los cines ciudadrealeños en los últimos tiempos ¡Qué pena que estas no disfruten del favor del público y pasen casi completamente desapercibidas!