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Enviado por Ramón Vidal el
imagen de la película "Si hoy es martes, esto es Bélgica"
Ramón Vidal
Si hoy es martes, esto es Bélgica

Reconfortante y sesentera comedia bullanguera ideal para el verano

Por José Luis Vázquez

Una preciosa canción del inefable Donovan, de idéntico título al original al de esta película, “If It´s Tuesday, This Must Be Belgium”, que suena mientras vemos a un grupo de turistas americanos desplazarse por un aeropuerto, nos introduce en una de las comedias más simpáticas, refrescantes, divertidas y sin molesta pretensión alguna, que he tenido la dicha de disfrutar a lo largo de mi ya extensa y pletórica singladura cinéfila. Y aunque cuando volví a verla, unos cuantos añitos después de su primer visionado, me daba en la nariz, como así acabé corroborando, que se conservaba igual de lozana y gratificantemente sencilla como aquella primera vez que la descubrí en un pase televisivo en Televisión Española allá por el ya lejano 1975, siendo un mozalbete.

 

Me temo que no encontrarán su reseña en ningún tratado fundamental sobre el género, ni falta que hace. Está alojada en el recuerdo más intransferiblemente personal y placentero de algunos, tal como es mi caso. Es una de esas interminables debilidades perfectamente confesables, aunque no demasiado compartibles, a las que he sido fiel desde hace tiempo, apelando a esa pátina selectiva que confiere la memoria y, también en este caso, a refrendos posteriores. Tal vez mi devoción por la misma resulte incomprensible para la mayoría, pero ello no va en detrimento ni merma alguna de mi entusiasmo.

 

Pese a ello, me atrevo a afirmar rotundo, con las reservas que siempre generan los gustos ajenos que afortunadamente no tienen por qué ser uniformes, que quien se acerque a echarle un vistazo, puede que agradezcan la recomendación y, casi con toda seguridad, se les pondrá finalizado su visionado, cara de alegría, de buen rollito. Me atrevo a afirmar que seguramente, como mínimo, les proporcionará un rato de lo más distraído.

 

Es una especie, en mejorado, de aquella serie setentera, escapista y popular titulada “Vacaciones en el mar”, de tan grato recuerdo para unos cuántos de mi generación, aunque he de reconocer que en esta las cargas de almíbar y buenos sentimientos podían llegar a saturar. “Si hoy es martes, esto es Bélgica” en saludable y garantista comparación, es mucho más atrevidilla –para lo que eran aquellos tiempos, claro-, sin que por ello renuncie en algún momento, a un legítimo y hasta melancólico sentimentalismo. Casa aquí muy bien este registro con el otro más puramente graciosillo… o coyuntural/testimonial de los usos y costumbres de toda una época (supongo que este último aspecto no específicamente buscado desde origen).

 

Gira en torno a unos de esos “tour” turísticos emprendidos por un variopinto conglomerado de ciudadanos norteamericanos por diversos países y ciudades europeas, tan habituales durante la década de los 60. Concretamente, sitúa su trama en 1969, en plena era post hippy.

 

Un reparto de actores, puede que a lo mejor olvidados muchos de ellos hoy en día (Ian McShane, Mildred Natwick, Murray Hamilton, Norman Fell), pero todos excelentes característicos y comediantes, otorgan una buena parte de su entidad a la empresa.

 

Encabezándolos se encuentra una mujer de gran belleza y talento por la que siempre he sentido una enorme debilidad (y ya van…), Suzanne Pleshette (“Más allá del amor”, “Una trompeta lejana”, “Vida sin freno”, la inolvidable maestra de “Los pájaros”), la que fuera esposa fugaz en la vida real del rubiales Troy Donahue. Algunos de sus primeros planos constituyen todo un regalazo para sus fans, entre los que aseguro sin duda alguna me encuentro.

 

Pueden también encontrarse con uno de los “pioneros” del cine independiente y eficaz actor “comercial”, John Cassavetes. En cameos, igualmente instantáneos al de este, nombres del prestigio de un Vittorio De Sica o de una Joan Collins en sazón.

 

El director, Mel Stuart, un brillante profesional televisivo (llegaría a obtener el Emmy) de escasa filmografía en la gran pantalla, firmaría dos años después una joya del fantástico más o menos infantil, “Un mundo de fantasía”, o lo que es lo mismo, la primera versión de “Charlie y la fábrica de chocolate”, de tan enorme calidad e imperecedero recuerdo como la espléndida obra de Tim Burton.

 

Creo que en cuanto comiencen a ver sus primeras imágenes, ustedes mismos deducirán que sus localizaciones naturales, todas genuinas y auténticas, rodadas en los mismos lugares en los que transcurre la acción (que comienza en Londres y finaliza en Roma), constituye otro de los muchos alicientes que adornan a esta película festiva, jovial y de un raro encanto.

 

Deberían recuperarla con carácter de urgencia, sobre todo si de lo que buscan es evadirse durante un rato… y aunque ya saben que muchas veces suele pasar que basta que se ponga empeño en ponderar algo para que en los demás genere decepción. Inténtenlo al menos. Y nada como la época de estío para disfrutarla con un plus añadido.