Un Eastwood a toda pastilla
Por José Luis Vázquez
Sexto trabajo como director del titán Clint Eastwood, rodado entre dos títulos más que sobresalientes en su filmografía y necesitados de urgente reivindicación o revisión (según), “El fuera de la ley” y “Bronco Billy”.
También por él protagonizada, encarna al hosco inspector Ben Shockley, un policía bronco y bebedor al que encargan escoltar a una prostituta, desde Las Vegas a Phoenix, para que pueda testificar en el juicio contra un mafioso.
Supone un accidentado viaje plagado de peligros, una “road movie” vigorosa y ya dotada con un magnífico pulso que el cineasta californiano había ido adquiriendo en sus años como inquieto profesional y aprendiendo inmejorablemente el oficio de su principal mentor, fundamental en su devenir tras las cámaras (de él aprendería la rapidez rodando y la economía narrativa), el grandísimo Don Siegel.
Mucha acción, mucha adrenalina y una curiosa visión sobre el tiempo en que transcurre, mediados los 70, alejada del empaque y la profundidad que adquirirían personajes y obras posteriores, pero igualmente legítima y ya demostrativa del grandísimo narrador que llevaba dentro.
Lo de menos es que sea previsible y que recree situaciones nada novedosas, creo que lo importante es la destreza con que está resuelta, el buen ritmo que posee y el saludable entretenimiento que ofrece.
La que por aquel entonces era su compañera sentimental, Sondra Locke, le da adecuada réplica como su menuda pero aguerrida compañera de odiseas. Un papel que resuelve briosa y resolutivamente pese a lo mucho que padece.
Su guion acumula diversos lances y todo tipo de ingredientes, desde románticos hasta humorísticos, sin descuidar los más dramáticos. A la vez, denuncia la corrupción de las altas esferas, los cambalaches existentes entre políticos y funcionarios.
Resulta agradable y generosa en mostrar los paisajes desérticos de Arizona y algunos otros de Las Vegas.
Destaca, entre otras moviditas, una secuencia de pelea a puñetazos de Eastwood con tres “ángeles del diablo”, contemplada desde la perspectiva de una cámara situada en el centro de la refriega.
Añadan otras dos espectaculares, casi de Guinness: la de los 8000 impactos de bala que hacen mella en un autobús (bonito cartel publicitario aludiendo a este medio de locomoción), o aquella de la ingente fila (recuérdese que “The Gaunlet” es su título original, o sea en su equivalente español guantelete) de agentes de policía esperando a los protagonistas.
Muy recomendable para pasar un rato de lo más distraído, a ritmo de una excelente banda sonora del habitual del momento Jerry Fielding (“Grupo salvaje”, “Perros de paja” o “El fuera de la ley” de nuevo con Clint).