Cine social comprometido, sin estridencias ni maniqueísmos
Por José Luis Vázquez
Desarraigo, no superadas frustraciones familiares, invernaderos, inmigración, aridez emocional, amores en tiempos difíciles y la luz de Almería, esa que tan bellamente captara David Trueba en su reconstituyente, sutil y francamente apreciable “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, son los mimbres, los toldos argumentales con los que la estimable cineasta granadina Chus Gutiérrez confeccionó el quinto de los dieciséis largometrajes que lleva firmados hasta la fecha (agosto de 2026), contando sus documentales, claro.
Casi a continuación, en 2008, rodaría “Retorno a Hansala”, otro apreciable trabajo, que no tuvo la suerte comercial merecida. Una vez más, la distribución volvió a tener mucho que ver en ello.
“Poniente” es una película madura, en la que están muy bien trenzadas las relaciones entre sus principales y desubicados protagonistas. Capta atinadamente el paisaje y un clima de desconfianza hacia el prójimo en diferentes escalas y ámbitos, y no solamente a los migrantes.
Fue uno de los papeles que supondría el despegue (junto a las estupendas creaciones para las no menos estupendas “La caja 507”, “La vida de nadie” y “La vida mancha”, especialmente ésta última) como gran actor de José Coronado, aquí de lo más convincente como punto de apoyo de la tesonera Cuca Escribano, igualmente creíble en su angustia y coraje por intentar salir adelante pese a todos los inconvenientes, exteriorizar algunas emociones reprimidas y superar alargadas sombras afectivas del pasado.
Coronado para quien esto firma lleva ya varios años demostrando ser uno de los incuestionables de la cinematografía española, refrendado ello por un más que merecido Goya como actor de reparto por la notabilísima “Cerrar los ojos”. Y ello gracias a su indudable afán de superación, pasión, verdaderas ganas de mejora y amor por la profesión.
La propia Gutiérrez, con la inestimable colaboración de otra de las tres valiosas cineastas femeninas con las que en ese momento contaba nuestra industria (Gracia Querejeta e Icíar Bollaín… ahora afortunadamente son muchas más y de elevado nivel), se encargó de escribir esta historia que desprende veracidad y sentimiento.
Puede que sea uno de los puntos culminantes –junto a la citada “Hansala”- de una carrera no demasiado extensa pero verdaderamente meritoria y apreciable. Trabajando para ello en márgenes prácticamente “indies” y con presupuestos precarios.