Una de mis series B favoritas de siempre
Por José Luis Vázquez
“Uno de los mayores exponentes del género de ciencia-ficción en su versión más modesta presupuestariamente, que no artísticamente. El contexto realista en que se desarrolla la acción, la verosimilitud de los elementos manejados y la ausencia de parafernalia, de trucos “invisibles”, contribuyen a crear la sensación de escalofrío ante la certeza de que los deshumanizados, uniformes invasores “son” como nosotros. Supuesta metáfora antimacarthysta (o de signo contrario, según se quiera ver) aparte, estamos ante un ejercicio aterrador” (Teo Calderón dixit).
Este argumento es “trascendido hasta la genialidad por su seco, cortante tratamiento de cine negro, que presagia los futuros logros de su director” (Carlos Aguilar dixit). Ese director es el inmenso Don Siegel (“Brigada homicida”, “Harry el Sucio”), maestro, más bien mentor de Clint Eastwood, alguien muy determinante, todavía más que Sergio Leone, en la carrera posterior del californiano tras las cámaras. Entre otras enseñanzas, aprendió de su magisterio a rodar rápido, con precisión y ejecutando las menores tomas posibles.
Ya ese escalofriante comienzo de un hombre desesperado anunciando una particularísima invasión alienígena –tal vez más probable que otras con extraterrestres con trompetilla- pone en inmejorable situación y predisposición. Y algunos momentos como el de duplicado de los cuerpos humanos (sin sentimientos) de los cuatro protagonistas por parte de vainas llegadas desde el espacio exterior resulta uno de los más perturbadores de la historia del Séptimo Arte.
En todo momento, esa atmósfera de permanente amenaza constituye uno de los numerosos logros de esta serie B con categoría de A plenamente lograda, redonda. Seguramente el portentoso Steven Spielberg la ha tenido presente en más de un jalón de su filmografía.
Un clásico irrefutable, en cualquier caso, que ha dado lugar a 3 “remakes” más o menos oficiales (“La invasión de los ultracuerpos” de Philip Kaufman, “Body Snatchers/Secuestradores de cuerpos” de Abel Ferrara e incluso “Invasión” de Oliver Hirschbiegel) y a otros varios extraoficiales.
Atención en un breve cameo a la aparición del mismísimo y genial cineasta Sam Peckinpah como un empleado de la compañía de gas llamado Charlie.
De obligado conocimiento y, en mi caso, reiterado visionado hasta la saciedad, pues creo que han sido aproximadamente más de 30 veces las que la he revisado a lo largo de mi existencia… y todas las que vengan, si los ocupantes y la naturaleza me respetan.