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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Haciendo amigos"
Ramón Vidal
Haciendo amigos

A la discreta, pero simpática estela de “Campeones”

Por José Luis Vázquez

Este verano de 2026 que, por primera vez en muchos años, no cuenta con el desembarco de ninguna película dirigida por Santiago Segura perteneciente a sus franquiciados sobre trenes a toda marcha y, principalmente (seis son los episodios hasta el momento), sobre padres que no hay más que uno, aterriza sin embargo con una propuesta en su faceta exclusivamente de productor. Y, curiosamente, sin parecerme nada del otro jueves, las prefiero a todas esas sagas, incluyendo también la de Torrente, de la que nunca me he considerado fan (salvo la primera por su novedad) y su última aportación presidencial, que no me ganó para su zurrón, al contrario que una gran mayoría de espectadores autóctonos.

Y conste en acta que Santiago Segura me cae estupendamente, que admiro como él con su propia pasta financia y guisas sus proyectos y que es un tipo capacitado para hacer y conectar con un cine popular que tantas veces he reivindicado, pero que, sin embargo, por lo que sea, en su caso no suelo conectar con su cine revitalizador para la industria y multimillonario. Como será la cosa, que mi trabajo suyo favorito como cineasta es, posiblemente, el que menor dividendos le ha reportado en las taquillas, “Sin rodeos” con una divertida y chispeante Maribel Verdú.

Pues bien, aparte de este, una vez más, considero que obligado preámbulo para ponerles en situación, se vuelve a hacer realidad esa máxima no escrita que nada como ir sin expectativa alguna a ver algo, para que al final no solo no defraude, o no al menos morrocotudamente, sino que, como sucede aquí, lo visto no acaba pareciéndome tan desafortunado.

Este es un proyecto firmado por David Marqués, buen guionista y especialista en dirigir un cine asequible que no provoca sonrojo ni tampoco, ni mucho menos, adhesión inquebrantable. Son seis o siete los títulos que lleva ya acumulados tras las cámaras y todos ellos creo recordar que casi siempre dentro de los terrenos de la comedia, a excepción del anterior, “Puntos suspensivos” que transitaba los escenarios del “thriller” o la intriga. 

Sin ir más lejos, en su estricta labor literaria, es el firmante del ocurrente y descacharrante guion de la estupenda “Campeones”. De ahí esa alusión en el subtítulo de esta reseña. Por eso y porque aquí también vuelve a tener como coprotagonistas a intérpretes discapacitados que muestran una solvencia y profesionalidad a prueba de campamentos de verano.

Y, claro, tengo también que citar al gran Antonio Resines, con quien ya colaborara en la flojita “En temporada baja” y con otro grande en registros humorísticos, desde luego garantía de eficacia (sus gestos faciales me suelen resultar bastante graciosos), Quim Gutiérrez, tan solo un poquito más joven que el primero. No quiero tampoco olvidarme de Megan Montaner (y Marta González de Vega), el contrapunto femenino. Y es precisamente en este aspecto, en el de la actuación donde reside su mayor atractivo. También en un texto sin demasiada enjundia, aunque trufado en determinados momentos de un descaro amable y de frases lapidarias, que resultan educativas o didácticas sin tener la sensación de sermón, o sí, pero que no irrita. A propósito de esto, presten atención a ese diálogo que figura en todos sus tráilers acerca de la discapacidad y la subnormalidad que le espeta uno de los chicos a Resines.

Al igual que en “Campeones, muestra una saludable voluntad de reírse con gracia de uno mismo y no de, sino con quienes pudieran sentirse molestos (que luego son muchas veces quienes más lecciones dan al exhibir sin tapujos propio sentido del humor) con determinados chistes a propósito de su discapacidad, pues en nombre de lo políticamente correcto a veces se cruza también el dintel de cierta libertad de expresión. Es compatible que respeto y guasa puedan ser compatibles y no se muestren ofensivas.

No da para mucho más un divertimento meramente escapista que hace pasar el rato, un cine familiar de carácter popular que tantas veces es demandado por bastantes espectadores y que yo reivindico, pues no todo pueden ser obras sublimes o maestras. Cierto, que se le podría haber sacado mucho más partido, tal como lo consiguiera el propio Javier Fésser con Javier Gutiérrez a la cabeza del elenco, pero bueno, si no son demasiado exigentes, pueden pasar una hora y media distraída como le pasó al que esto escribe. Además, agradezco que no caiga en ”ternurismos” en ocasiones innecesarios.

E igual hasta esbozan alguna una sonrisilla, tanto durante como finalizada su proyección. Algo es algo. Por supuesto, si tuvieran que elegir, no dejen pasar la última entrega de los Minions (aunque todo comenzara secundariamente en “Gru, mi villano favorito”), “Minions & Monsters”, la mejor de las ocho existentes hasta la fecha protagonizadas por unos, como siempre, descacharrantes monigotes amarillos, pero esta vez incrustados en una historia que supone todo un amplio y extenso homenaje a la historia del Séptimo Arte, especialmente al cine silente. Son constantes sus guiños y referencias, desde Chaplin hasta “Matrix”, pasando por “Ciudadano Kane”, “El héroe del río” y un interminable etcétera. Avisados quedan. 

Y, por supuesto también, si pueden ver las dos, mucho mejor, por el bien de ustedes y por la subsistencia del sagrado invento de los hermanos Lumiére. Aprovechando su invocación y su figurar, aprovecho para hacerles dos recomendaciones galas si se diera el caso de que todavía no las conocieran para así poder disfrutarlas este veranito de calor infernal, ambas se encuentran en Filmin: “¡Lumière! Comienza la aventura” y “¡Lumière! La aventura continúa”.