Satisfactorios y vistosillos amoríos
Por José Luis Vázquez
Esto es lo que se entiende por una película-fórmula. Tras la irrupción en 1999 de la exitosa y vistosa “Mensaje en una botella”, la agradable “Un paseo para recordar” en 2002 y el merecidísimo arrase de la maravillosa “El diario de Noa” en 2004, basada en una novela de Nicholas Sparks, Hollywood vio en la literatura de tarjeta postal romanticona y disfrutablemente “sentimentalona” de este escritor estadounidense (de Omaha/Nebraska, pero afincado en Carolina del Norte, de ahí la localización de sus obras diversos lugares de ambos estados) un filón en el que hincar el diente.
Tiempo después, en 2010, aparecerían las estas ya completamente formularias “La última canción” y “Querido John” (y tan solo abarco hasta el año de producción en el que transcurre la película que aquí me ocupa, 2013). Estas dos ya no tan acertadas en cuanto a calidad, pero resultonas y de lo más eficaces en la taquilla, hasta el punto de que la segunda fue la encargada de desbancar tras dos meses en el número uno a la casi imbatible primera entrega de “Avatar”.
Tanto “Querido John” como esta fueron dirigidas por un gran profesional y excelente cineasta, especialmente en los comienzos de su carrera (“Mi vida como un perro”, “¿A quién ama Gilbert Grape?”, “Las normas de la casa de la sidra”, “Chocolat”, “Atando cabos”, “La pesca de salmón en Yemen”, etc.). Me refiero al sueco norteamericanizado Lasse Hallström.
Este no supone uno de sus trabajos memorables, como sí lo son los anteriormente mencionados, pero está ejecutada con indudable solvencia y ligereza.
Tras este preambulillo voy al grano de lo aquí ofrecido. ¿En qué consiste lo que sugería al inicio del comentario? Pues en entremezclar una historia epidérmica de amores complicados con sus generosas dosis de conflictos, con una pareja de guapos de romperse (en esta ocasión Julianne Hough y Josh Duhamel), con reluciente fotografía del corte y confección de revista de modas, ambientada en bellísimos paisajes (la localidad costera de Southport, Carolina del Norte, tiene poco que envidiar a cualquier otro lugar), “acaramelamientos” varios, algún detallito más… y voilà, ya está confeccionada y empaquetada la receta para distribuirla, sobre todo entre espectadores jóvenes, por las plateas de medio mundo y posteriores plataformas (por este conducto suelen tener una segunda carrera de lo más satisfactoria), dando como resultado un respetable éxito de taquilla. Claro, no siempre funciona esto y además estos potingues acaban saturando. Hay que tener su talentillo.
El gran Delmer Daves estuvo haciendo lo mismo, durante varias películas, con el guaperas Troy Donahue en la década de los 60 y gestó preciosos y reiterados trabajos calientacorazones con primorosa utilización de la grúa, como “En una isla tranquila al sur”, “Parrish”, “Más allá del amor (Aventura en Roma)”, “Susan Slade”, Escándalo en Villa Fiorita”. “Fiebre en la sangre” o “Una mujer espera”, siete verdaderas piezas maestras. Menudo directorazo -y guionista, suyos son entre otros los libretos de la excelente primera versión de “Tú y yo” o de la teatral y resultona “El bosque petrificado”- Daves, merecedor de figurar en cualquier Olimpo que se precie.
“Un lugar…” no creo que quede tan en el recuerdo, pero es un pasatiempo amoroso que se deja ver sin enojo. Se consume al instante y ahí queda la cosa, que no es poco.