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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Spider-Man: Brand New Day"
Ramón Vidal
Spider-Man: Brand New Day

Revitalizante e intenso franquiciado arácnido

Por José Luis Vázquez

“Cuando ayudas a alguien, ayudas a todos”

Una vez más desde que el cine es prácticamente cine -con la inicial excepción del pionero George Mèlies y los padres fundadores los hermanos Lumière, los franceses siempre han estado interconectados con los emperadores de este invento- los estadounidenses vuelven a salir al rescate cual Séptimo de Caballería de este divino solaz en donde se tiene que ver de primeras, en las salas. 

Y es que este verano de 2026 están arrasando con los “blockbusters”, las propuestas familiares, fantásticas o terroríficas llegadas desde el país de las barras y estrellas: “El día de la revelación”, “Obsession”, “Backrooms”, “Vaiana”, “Toy Story 5”, “Minions & Monsters”, “La odisea” y “Spider-Man: Brand New Day”. Nunca mejor dicho, los empresarios vuelven a hacer el agosto como antaño.

Y la verdad sea dicha, mi verdad claro, pues en esto de los gustos artísticos como en tantos otros, entiendo que solo deben mandar los de uno mismo, aunque admita sugerencias y escuche otros puntos de vista, a excepción de dos de estos títulos que no me han llegado a convencer (la ininteligible “Backrooms” y la plomiza “Vaiana”), el resto obtienen elevadas o máximas notas y todos los merecimientos del mundo mundial. 

Unos gustarán más, otros menos, pero la calidad es innegable, y ello pese a que algunos surjan de franquiciados explotados hasta la saciedad, pero que parece ser todavía se muestran atractivos y cabe exprimirles un sustancioso jugo. Vean si no las entregas de los “Minions”, la mejor de la saga y la más cinéfila, y la más que estimulante y didáctica “Toy Story”.

Curiosamente con los dos últimos de la relación anteriormente citada, “La odisea” y “Spider-Man”, ambas protagonizadas por la pareja profesional y sentimental de moda, Tom Holland y Zendaya, dos jovencísimos intérpretes verdaderamente excelentes y plenamente consolidados desde hace ya un tiempo, guarda similitud respecto al fenómeno que se produjera hace tres años por estas mismas fechas y que también arrasara en las taquillas de todo el mundo. Me refiero a esa dupla denominada “Barbenheimer”, conformada por “Barbie” y “Oppenheimer”. De nuevo con Christopher Nolan por medio, brillantísimo cineasta capaz de llegar a grandes audiencias y, a la vez, mostrar indudables inquietudes autorales. 

Por cierto, he de reconocer mi debilidad por Zendaya, una actriz, una mujer con eso tan indefinible conocido como carisma, con innegable encanto y francamente atractiva, aunque sea muy guapa también… y alta. 

Traspasa la pantalla la química existente con su amado Hollando supongo que potenciada precisamente por ese vínculo que les une, algo advertible cuando aparecen juntos en plano o abrazados cálidamente.

Pues bien, dicho todo este extenso prefacio, hete aquí que lo último en llegar ha sido el regreso del hombre arácnido por excelencia, tras tres trilogías y tres intérpretes a cuál mejor. Pues si ya la primera de Sam Raimi con Tobey Maguire mostró las hechuras desenfadadas propias del gran cineasta que siempre ha sido el de Michigan, la segunda de Marc Webb (otro director a tener en cuenta) con un enérgico Andrew Garfield mantendría el listón alto, y ya la tercera con el gran Tom Holland cogería el relevo bajo la firme batuta de Jon Watts, en la cual ya se podían atisbar síntomas de lo que ahora aquí se desarrolla con más profundidad.

Es así como se inicia aquí otra nueva etapa, un reseteo en el que por primera vez uno de sus protagonistas, Holland, repite por cuarta vez, y muy bien repetido está, pues como han dicho otros colegas y especialistas en el tema, “nadie ha conseguido su tono para llegar a todos los públicos”.

Eso sí, la manija detrás de las cámaras lleva impreso el sello de un nuevo, talentoso y relativamente sorprendente nombre, Destin Cretton. Y digo lo de relativamente sorprendente porque hasta la fecha, bueno hasta que firmó la singular y marveliana “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos”, cabía catalogarlo dentro de inequívocos registros “indies”, regalándome a mí al menos trabajos tan destacables y estimulantes como “Las vidas de Grace” (sobre una compleja trabajadora social, magnífica la oscarizada Brie Larson), “El castillo de cristal” o “Cuestión de justicia”. Y esta es precisamente una de las innumerables características que me encantan de los que hacen cine en los USA, que no tienen prejuicios en alternar un cine digamos más comprometido con otro de evasión, tan legítimo y disfrutable (en tantísimas ocasiones, superior) como el otro.

Afortunadamente, los tres guionistas y Cretton, inspirados siempre en el legendario cómic (o tebeo, lo que prefieran) de los no menos legendarios Stan Lee y Steve Ditko, se alejan de multiversos que a mí ya me tenían comidita la moral (salvo los animados del propio Spider-Man y los del Doctor Strange) y se centra en aspectos más humanos, identificables e íntimos, sin abandonar, claro está, el gran aparataje, la acción (la pelea contra los ninjas es la leche) y los grandes efectos, pero esta vez puestos al servicio de algo más -si así lo compartieran conmigo- profundo que contar y de otro calado que no sea la mera pirotecnia, con estar ella muy bien.

Peter Parker, o sea “Spider-Man” comienza a hacerse adulto y a dejar atrás la adolescencia, y sin obviar al villano de turno que obviamente no voy a desvelar, esto marca lo troncal de la línea narrativa de esta más que plausible entrega que me ha convencido bastante, mejor dicho, mucho.

El chico estrena reluciente traje y continúa o enlaza con un episodio fundamental de la anterior entrega –“No Way Home-, cuando a sus amigos y al personal en general les borra la memoria para que no le reconozcan en su faceta cotidiana. A partir de aquí es donde prende el robusto asunto dramático, alternado con diversos pasajes de solaz y los espectaculares ya citados.

El cóctel se hace irresistible a propósito de uno de uno de los superhéroes Marvel, en general, más populares y queridos (he de confesar que también adoro a Batman y Superman que proceden de otros universos), un superhéroe a su pesar, eso sí, no tan atormentado como el Caballero Oscuro, pero impregnado igualmente de esa vocación de ayudar a los demás que he reseñado mediante una frase en el encabezamiento de esta reseña.

Apostilla: En las escenas previas a los poscréditos (tienen que esperar hasta el final del todo para recibir información de los que les espera respecto al inminente futuro del protagonista) podrán disfrutar de diversas tomas o instantáneas de una como siempre fascinante y fascinadora Nueva York, mi ciudad favorita del mundo mundial y la cinematográfica por excelencia. Puede que suponga un detalle nimio, pero todo contribuye a dar lustre y esplendor, a poner el lacito, pues cualquier elemento bien aprovechado contribuye a engalanar, y más si pone el epílogo. Tal vez, eso sí, debería de haber ido acompañado -nunca me canso de escucharlo y lo habré disfrutado miles de veces- del impresionante “New York, New York” del “crroner” más grande de todos los tiempos (junto a Raphael), del inmejorable Frank Sinatra… Sin nata, que decían algunos graciosos en mi lejana juventud física, pues la mental por ahora no decae.