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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Quiéreme o déjame"
Ramón Vidal
Quiéreme o déjame

 

Por José Luis Vázquez

Charles Vidor no solo fue el director de “Gilda”, con ser eso por sí mismo ya una barbaridad, sino un cineasta tremendamente sólido que nos regaló a los amantes del Séptimo Arte, como el que esto firma aunque a tal atributo debería añadir el calificativo de devorador de celuloide, obras de fuste, maestras o simplemente encantadoras como –siempre cuando hago estos listados cito las primeras que se me vienen a la memoria de las que he visto y que suelen ser mis preferidas (por supuesto, me dejo varias más en el tintero): “El misterio de Fiske Manor”, la deliciosa y desconocida “Se acabó la gasolina”, la segunda –si no contamos oficialmente la oficiosa “La fuerza de las armas”- y esplendorosa versión de “Adiós a las armas”, “Rapsodia”, “Rejas humanas”, “El fabuloso Andersen”, “Otra vez juntos”, “Tempestad en Oriente”, “La máscara del dolor” (protagonizada por un imponente  tanto interpretativa como musicalmente Frank Sinatra), “El Cisne”, “Las modelos”, “Sueño de amor” y ésta, la simplemente espléndida “Love Me Or Leave Me”, o sea, “Quiéreme o déjame”, que si no recuerdo mal (no estoy seguro del dato), no se llegaría a estrenar en las salas españolas, pero sí a través de aquella impagable Televisión Española de los 70, a poco más de veinte años después de su estreno.

 

Su protagonista, Doris Day, no solo ha sido, pese a que se retirara del mundanal ruido artístico unas cuantas décadas antes de su fallecimiento en 2019 (por tan solo tres años no llegaría a la centena), una excelente actriz de comedia y cantante, sino que cuando hizo incursiones en registros dramáticos supo estar a idéntica altura, tal como es perfectamente demostrable con sus intervenciones para “El trompetista”, “El hombre que sabía demasiado” (en su segunda versión en color también del propio Hitchcock), “Enséñame a querer” (aunque igualmente posea rasgos de comedia fina), “Un grito en la niebla”, “Storm Warning/Aviso de tormenta” (un espléndido drama anti racista inédito en las salas españolas y muy bien encabezado por Ronald Reagan), “The Winning Team”, “El diabólico señor Benton” (un formidable drama de suspense pionero en tratar la violencia de género como tal) y ésta, para la que inicialmente se había pensado en Ava Gardner y Jane Russell. Fue su partenaire masculino el que acabó sugiriendo su nombre.

 

James Cagney, el susodicho, no solo protagonizaría papeles de gánster, por los que siempre fue reconocido y como vuelve a demostar aquí, sino que fue capaz de encararlos con tintes musicales como también es el caso, aunque su protagonismo en este apartado no sea tan intenso y persistente como lo sería en “Yanqui Dandy” o “Desfile de candilejas”. Curiosamente a ambos, a Day y Cagney, los había reunido Roy del Ruth cinco años antes –en 1950- en el buen, eficiente musical “The West Point Story”. Como curiosidad conviene destacar que Spencer Tracy fue el primer nombre barajado para este papel. Siendo uno de los grandes, no creo que le hubiera superado.

 

Con estos tres imprescindibles mimbres, más algunos otros más fundamentales (el guion de Daniel Fuchs e Isobel Lennart, la música de Percy Faith y George E. Stoll, el vistoso vestuario de Helen Rose, el poderosísimo despliegue de producción Metro Goldwyn Mayer, de Joe Pasternak sin ir más lejos, el que auspiciaría uno de los grandes éxitos en la comedia de la rubia show woman, “No os comáis las margaritas”…) se procedería a la construcción de este brillantísimo y glamuroso exponente cinematográfico de la irrepetible y fertilísima década de los 50.

 

El título original, tanto de la película como de la canción, hace alusión a un tema escrito en 1928 por Walter Donaldson con letra de Gus Kahn. Esta última había sido presentada en la obra “Broadway Whoope”, estrenada en diciembre de 1928. La versión de la misma –todo un exitazo- sería llevada a cabo por primera vez por la gran Ruth Etting (1896-1978), personaje real aquí encarnado y homenajeado por Day.

 

Principalmente se centra en la tormentosa y dramática relación sentimental que mantuvo con el mafioso Martin “Moe the Gimp” Snyder, sus rifirrafes y su caída en el alcohol. Y no desvelo más, por si desconocen la trama o al personaje en cuestión y así no chafar nada en exceso.

 

Las fenomenales actuaciones y canciones, el vigor y colorido de su puesta en escena fueron justamente reconocidas con seis nominaciones al Oscar, obteniendo finalmente el de argumento.

 

Está necesitada de una urgente revisión para comprobar su enorme calidad, pues esta mezcla de drama, romance, musical, policial y biopic funciona a las mil maravillas. Resulta oportuno recuperar un preciso comentario en Variety cuando vio la luz: “un rico lienzo de los años 20 de Roaring, con audaces y excelentes canciones”. Fue la octava producción en recaudación en Estados Unidos en la fecha de su estreno, lo cual el olvido viene determinado por el propio e inexorable del paso del tiempo, no porque no hubiera tenido una gran acogida en su momento.