Atinado, baratísimo terror de nuevo cuño y era
Por José Luis Vázquez
Toy Storys, Minions y al acecho de la esperadísima “La Odisea” del inefable Nolan, que en los últimos tiempos viene dándome una de cal y otra de arena sin por ello discutir jamás su talento y empeño, este verano de 2026, aunque tal vez sea un pelín pronto para afirmarlo, puede que sea el de dos obras de terror realizadas por sendos youtubers veinteañeros, Kane Parker (21 años) con su “Backrooms” y Curry Barker con “Obsession”. Esta última es tan solo la segunda película de su creador, tras un sorprendente debut en YouTube (la tienen a su alcance en la red, la pueden ver gratis), de ridiculísimo presupuesto, más bien micro (apenas 800 euros) en torno a una de esas historias inquietantes de supuesto metraje encontrado, lo que en inglés se denomina “Found Footage”. Los amantes de estas cuestiones si todavía la desconocieran, creo que deberían concederle cuanto antes una oportunidad, pues la cosa no será por pericia e imaginación.
A propósito de costes, a fecha de la redacción de esta reseña, algo menos abrasiva tarde del domingo 12 de julio, a punto de asistir en un par de días a las apasionantes semifinales del Mundial de fútbol, he de informarles que precisamente “Obsession” se acaba de convertir en una de las producciones más rentables de todos los tiempos, pues su coste fue tan solo de 750.000 dólares y lleva recaudados hasta la fecha, nada más ni nada menos que 510 millones, multiplicando por tanto su cómputo inicial en 515 veces más. Un disparate, vaya.
He de confesar que la primera de las citadas me resulta ininteligible, se escapa a mis entendederas, tal vez contribuya a horadar en la brecha generacional y eso que me considero, o lo intento al menos, ser adaptable a este tiempo y a los nuevos gustos cinematográficos, pugna en la que a veces he de admitir que fracaso. Véase el ejemplo de la igualmente, o todavía más, indigesta “Todo a la vez en todas partes”. Mi educación y formación es eminentemente narrativa e inevitable choca de bruces con apuestas de este corte y confección.
Volviendo a lo que aquí me trae ante ustedes. “Obsession” es una buena, una más que respetable, meritoria y valiosa película de terror, de intriga, de desazón, de malestar.
Comienza como una de esas propuestas ochenteras de corte fantástico (¿recuerdan la deliciosa “Big” con Tom Hanks?, aunque el matiz familiar de esta era radicalmente opuesto) con el protagonista solicitando un deseo. ¿Y cuál es ese? Que la chica de su corazón le haga el caso que hasta la fecha no le ha hecho. A partir de haberlo conseguido, se desemboca el frenesí de acontecimientos. Por supuesto, hasta aquí leo.
Lo que viene a continuación es un malicioso artefacto acerca de sentimientos mal entendidos, obsesivos, relaciones ponzoñosas, tóxicas, asfixiantes hasta lo sanguinolento, e incluso con una miaja de misoginia más o menos entrevista (entiendo que se pueda prestar a ciertas ambigüedades, pero no por ello deja de tener su intríngulis), redimida más que de sobra por una poderosa y enérgica puesta en escena en espacios reducidos y por ese registro de comedia negruzca que desarrolla en buena parte del metraje.
Se requiere asistir a este tipo de combinados con la mente abierta para poder disfrutarlos más, teniendo en cuenta que puede que ni así convenza a muchos dado que puedan sentir alergia por este tipo de asuntos retorcidos hasta el delirio.
Hay sustos, sí, pero preferentemente, supongo a su director lo que más le preocupa un clima de ofuscación amorosa delirante e in crescendo para provocar, y en mi caso conseguirlo, en todo momento incomodidad, molestia, perturbación y finalmente, verdadero espanto. Y aunque tiene sus momentos impactantes, no la consideraría especialmente truculenta, sino más bien espeluznante, que viene a ser lo mismo, pero no lo es.
Asisto enganchado durante toda la proyección, valoro el talento e ingenio para mantener la atención con medios limitadísimos y una pareja de jóvenes intérpretes verdaderamente sorprendente por su desparpajo -y ese tono que gastan entre lo desaforado y grotesco no era a priori fácil de conseguir-, tanto él, Michael Johnston, como especialmente ella, una desconocida Inde Navarrette, verdaderamente desasosegante y demoledora.
Me parece justo y merecido su éxito comercial, sobre todo entre huestes de gente joven adictas al género. Sin volverme loco, creo que es una buena renovación de este tipo de parámetros.