Exultante vitalidad y melancolía westeriana
Por José Luis Vázquez
Uno de los últimos cantos del cisne de los grandes musicales procedentes de Broadway que Hollywood había cultivado con profusión y fulgor en gloriosas épocas anteriores.
La experta y genial batuta de Joshua Logan (responsable de las memorables “Camelot”, “Picnic”, “Al sur del Pacífico”, “Fanny”, “Sayonara”…) ante una empresa de este tipo y características supuso una garantía para conseguir una fascinante, embelesadora, antológica, divertida –algunos gags son verdaderamente descacharrantes- y, a la vez, triste y melancólica película, jalonada por abundantes momentos de inspirado lirismo y arrebatadoras canciones, debidas a los inevitables y verdaderamente grandes Alan Jay Lerner y Frederick Loewe.
No tiene tampoco desperdicio alguno la reflexión que se hace sobre ese lejano Oeste al cual acaban contaminando y viniéndose abajo definitivamente por la irrupción de los bancos y las prostitutas. Tiene también una visión un tanto panteísta del género. E incluso divertida, inteligente y saludablemente “misógina”. Y, como señalaba al comienzo, es una historia sobre el papel y en la pantalla de una arrolladora comicidad. Ese momento del chaval inexperto al que toman el pelo porque se puede quedar ciego por yacer con mujer jamás se ha desalojado de mi memoria.
Y ese tono evocador y nostálgico en la que está envuelta en todo momento le sienta como un guante. Sirva para remarcar a un Oeste a punto de ser contaminado por unos nuevos tiempos mercantilistas, puritanas y usureros. Y no seré yo quien niegue que destila una inteligente y sutil misoginia.
Cuenta, además, con un sensacional trío protagonista compuesto por el siempre imponente Lee Marvin, un relativamente principiante Clint Eastwood (Socio) y la bellísima y malograda por propia decisión Jean Seberg.
Marvin, en concreto, es inolvidable como ese individuo, ese pionero nacido bajo el signo de una estrella errante que no va a ninguna parte… o al menos no a las que estén ya civilizadas.
Precisamente, a propósito de ello, temas como “Wand´rin Star” interpretado con imborrable voz aguardentosa por el genial Marvin o -este lo castellanizo- “Cuando al viento le llaman María” son referenciales dentro del género cantable. Pero también cuenta con otros varios números musicales de un vigor exultante y contagioso.
Siempre estoy dispuesto visitarla, en cualquier momento, lugar o circunstancia, pues es tal el buen rollo que me transmite. Y tal como dijo el colega Derek Malcolm, “una buena (sensacional en este caso… matizo por mi cuenta) película es aquella que no soportaría no volver a ver más”. No creo que haga falta añadir nada más.