Qué delicia esas comedias románticas de antaño
Por José Luis Vázquez
Es una muy agradable y divertida comedia romántica ambientada en el mundillo del cuarto poder, de la canallesca dicho con cariño, que, parte de una prometedora situación y, según va avanzando su acción, no decae ni un solo momento su ritmo ni me defrauda en lo más mínimo en instante alguno. Su eje principal, asunto amoroso aparte, es el ejercicio de la profesión sin la base sólida de estudios universitarios y el punto polémico que suscita su profesionalización.
Se expone con diáfana y perceptiva claridad el carácter vocacional en contraposición, tal como ha sucedido en otras ocasiones, con la visión académica del periodismo. Como dice en un momento dado su protagonista, “el estudio es el caballo y la experiencia el jinete”.
Felizmente previsible en la parte sentimental, lo cual no deja por ello de mostrar encanto e interés permanente, resulta de lo más eficaz en diversos aspectos. Por ejemplo, en las relaciones de algunos de los personajes que componen la redacción.
Desde luego no ha perdido un ápice de frescura desde el momento de su estreno hace ya casi setenta años. En ese éxito considero fundamental la ligera, dinámica, nada pretenciosa y eficaz dirección del gran profesional George Seaton, responsable de otros títulos tan plausibles como “El niño perdido”, “Sitiados”, “De ilusión también se vive” (uno de los referentes navideños con una adorable y pequeñaja Natalie Wood), “Aeropuerto” (uno de los fundacionales dentro del género catastrofista en su renacer en la década de los setenta), “Espía por mandato” (a fecha de la publicación de esta reseña continúa siendo mí favorita dentro del género de espías… y puedo asegurar que optan a ello cientos merecedoras de dicho reconocimiento) y “La angustia de vivir” (le supondría su único Oscar a Grace Kelly, como la sufrida esposa de un alcoholizado Bing Crosby).
Otra razón fundamental de su impoluto lavado de cara, amén de su muy buen acabado general, es su trío protagonista: la nunca suficientemente reivindicada –como actriz, no así como cantante o estrella rompetaquillas- Doris Day, un Clark Gable que daba sus últimos coletazos en la gran pantalla y en la vida o ese irreprochable característico que fue siempre y que con su presencia realzaba más cualquier secuencia llamado Gig Young.
En la edición de los Oscar de 1958 fue nominada precisamente a mejor actor de reparto (el anteriormente mencionado Young) y a mejor guion (francamente ocurrente, encantador y profundamente liviano).
Continúa conservándose muy moderna en varios flancos. Para pasar un rato de lo más entretenido y cavilar sobre algunos aspectos interesantes sobre el mundillo periodístico.
Frase: “Si deseas vender periódicos mañana, usa el engaño; si deseas seguir vendiéndolos dentro de cien años, usa la honradez”.
Diálogo: “-Jim, ¿qué es un psicólogo?, -Son personas que se dedican a dar consejos sin saber un pimiento” (Mamie Van Doren y Clark Gable).