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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "El final de Oak Street"
Ramón Vidal
El final de Oak Street

Lo mejor y más parecido a Spielberg de los últimos tiempos

Por José Luis Vázquez

Finalizada su proyección no tengo la menor duda de que “El final de Oak Street”, producción estadounidense del verano de 2026 de -salvo sorpresa de última hora, que no creo- discreto recorrido comercial, o seguramente no al menos el esperado por sus máximos responsables, será en un futuro no muy lejano (tal como estoy plenamente convencido que sucederá, y si no fuera así me daría igual, con “Joker 2”, “Babylon”, “El último duelo”, “Los Fabelman”, “West Side Story” o “The Creator” entre centenares de ejemplos más tan solo de lo que llevamos de siglo XXI), una película a reivindicar, o eso que los modernos de varias épocas vienen denominando como “cult movie” (película de culto). 

Para quien esto firma y tras ocho meses transcurridos es uno de los mejores y grandes estrenos de un año pródigo en ellos, tras “El día de la revelación” y “La odisea”, y junto a “Toy Story 5”, “Michael” o “Marty Supreme” entre otros.

Su premisa argumental gira en torno a un fenómeno cósmico o de índole parecida que alterara por completo la normalidad de un barrio residencial trasladado a tiempos prehistóricos, está inspirada más o menos libremente en un mítico episodio de una no menos mítica serie que venero, “The Twilight Zone”, conocida en España como “Dimensión desconocida”. Me refiero al fechado en 1960 y titulado “The Monsters Are Due on Maple Street/Monstruos en la calle Maple”.

Menuda cantera esta maravillosa ficción sesentera, pues entre otros varios ejemplos más, el capítulo “Imagen reflejada” serviría también de fundamental estímulo a la estupenda “Nosotros” de Jordan Peele. En 1983 el genial e inevitablemente referencial Steven Spielberg y tres amigos y talentosos colegas de su generación (John Landis, Joe Dante, George Miller) la recrearon para la gran pantalla, de manera saludablemente nostálgica y eficaz a través de cuatro segmentos de nueva invención, siendo conocida por estos pagos como “En los límites de la realidad”. No está nada mal y el referido al del gremlin en el avión en vuelo no tiene desperdicio. Y resultaba de lo más aleccionador el primero del propio Spielberg acerca de un racista anti judío.

Pero vuelvo a centrarme en lo que aquí me ocupa, en esta sorprendente y sumamente grata historia para furibundos amantes del fantástico como el que esto escribe, con Carl Sagan y su teoría de los agujeros de gusano como “leiv motiv” desencadenador, materializado en el patio trastero y la urbanización suburbana de una típica o arquetípica localidad estadounidense de los 80… y no resulta ni baladí ni caprichoso dicha época y entorno. Supone otro guiño al rey Midas, del que esta propuesta contiene múltiples de ellos por doquier. Desde el más obvio a “Parque jurásico” pasando por “E.T. El extraterrestre” o “Encuentros en la tercera fase” (sin necesidad de que aparezcan platillos volantes, pero sí recogiendo su espíritu de asombro y atmósfera), pasando por algunas de sus excelentes muescas como productor o seguramente algo más que van de “Regreso al futuro” a “Los Goonies”. 

Todo un divertimento -el Séptimo Arte surgió así, Kant o Aristóteles pueden ser perfectamente compatibles, pero esto es otra cosa- familiar y juvenil de primera división que no evita cierta -y de lo más atractiva y resolutiva- crudeza en algunas de sus escenas, pero sobre el que, además, si quisiera ponerme propio e intensito podría escarbar y detectar retratos de una de esas familias con problemillas o algo disfuncionales, tan queridas por el director del flamante “remake” de “La guerra de los mundos” (con el gran Tom Cruise), otro trabajo inspirador y a reivindicar, o de “Los Fabelman”, su impecable autobiografía de su etapda adolescente que tanto le marcaría en su devenir personal y profesional. 

Es una de esas que pasan peligros mil para volver a entender el poder de los poderosos vínculos y sentimientos que les unen, ello pese a sobresaltos que puedan hacer parecer por momentos -al inicio- que se va a desgajar en todos los sentidos. Y conste que ningún spoiler estoy haciendo sobre algo que no prevean ustedes mismos desde los primeros compases. Es más, igual les estoy despistando un poco tras contemplar una atroz y mortífera escena paterna que puede incluso que les descoloque. Y ahí lo dejo.

No se pueden imaginar cuánto me gusta, lo que disfruto con este tipo de cócteles que mezclan fantasía, aventura, acción, suspense, drama, unas pizcas de comedia, terror y efectos especiales generosos, pero perfectamente medidos, a la antigua (pese a la utilización de CGI) y no tan lejana usanza. Con un cine que remite al clásico de siempre y a ese mencionado ochentero que bebía a su vez del primero y al que aquí se le ha sabido conferir de una pátina, un estilo propio.

Y de esto el principal responsable ha sido David Robert Mitchell, cineasta que me sacudiera y compungiera con la extraordinaria “It Follows”, uno de los cúlmenes del horror sobrenatural de este siglo (2014), que utilizaba este envoltorio para cuestiones mayores y terrenalmente humanas, como algunas referidas a la sexualidad femenina o al SIDA o enfermedades de transmisión sexual. Reconozco que su siguiente baldosa, la “lynchiana” y un tanto cargante “Lo que esconde Silver Lake”, me descolocó para mal, pero igual tengo que volver a concederle otra oportunidad. El caso es que, y nunca me cansaré de pontificar esto de los grandes directores estadounidenses, pese a su escasa filmografía -todavía es relativamente joven, 51 primaveras… Ridley Scott acaba de filmar su último trabajo con 88- ya se está mostrando de lo más inclasificable y heterogéneo. Desde luego no deja de llamarme felizmente la atención que ahora se haya descolgado con un encargo de las características de “Oak Street”.

Otro aspecto a favor de esta empresa es una excelente banda sonora del gran Michael Giacchino (“Ratatouille”, “Del revés”, “Rogue One. Una historia de Star Wars”, “Jurassic World: El reino”, “The Batman”, “La sociedad de la nieve”, la oscarizada -su única estatuilla dorada hasta el momento- “Up” y otras sesenta brillantes composiciones más), de inequívocos ecos y compases a lo John Williams, admirable tanto en sus “scores” meramente melódicos o en los meramente descriptivos. O su magnífico diseño de producción, llegando para ello a recrear íntegramente todo el barrio en Atlanta. 

Y, por supuesto, muestra una copulación de la que yo no tenía constancia de se hubiera expuesto jamás a través de este medio artístico. Sí, sí, como lo leen, pero nada más diré para no chafarles el momento. Decirles tan solo que no resulta ordinaria y, en cambio, sí francamente simpática… y casta.

A su excelente protagonista femenina, Anne Hathaway (la actriz de 2026 por excelencia con cinco papeles a cuál mejor, a excepción del llevado a cabo para la insufrible “Mother Mary”), se la vendieron o la convencieron diciéndole que era un cruce entre “Parque jurásico” y “La tormenta de hielo”. No me parece nada desacertada la comparativa.

Por tanto, avisados quedan sesudos analíticos o alérgicos a este tipo de asuntos mal llamados comerciales (hay más riesgo en empeños de este tipo que en otros aparentemente más autorales, destilla más sororidad la extraordinaria “Magnolias de acero” que tantísimas otras petulantes producciones del continente europeo). Absténganse o puede que se lleven un perendengue.