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Enviado por Ramón Vidal el
Imagen de la película "Cuento de invierno"
Ramón Vidal
Cuento de invierno

Demasiado gélido

Por José Luis Vázquez

A la vez que cuento fantástico… inocuo, pueril y raquítico, no deja de ser una discreta historia “romanticoide” que mantiene durante todo su metraje un tono de frialdad, más intermitentes dosis de inverosimilitud (imposible que la anciana Eva Marie Saint pueda tener 106 años) que lo alejan de la gran película de amor que podría haber sido.

 

Basada en la novela de Mark Helprin publicada en 1983 y que ni tan siquiera Martin Scorsese se atrevió filmar, el veterano productor y guionista Akiva Goldsman, suyo es el libreto de la oscarizada y magnífica “Una mente maravillosa” o los de “Cinderella Man” y “Soy leyenda”, hizo su debut en la dirección. Pero no salió bien parado, aunque a nivel de taquilla no fue mal la cosa e incluso gustó a bastantes espectadores.

 

Quede claro que nunca he tenido inconveniente en admitir que me suelen gustar producciones empalagosas como las de este tipo, reconozco que también les pongo un límite cuando el exceso de ese empalago o melaza alcanzan cotas tan elevadas, diabéticas y apelmazadas como las aquí exhibidas.

 

No buen síntoma, además, supone que en una película la música tenga que tapar en numerosas ocasiones los diálogos y casi lo que sucede en pantalla. Suele resultar un mal síntoma.  Y sí, la banda sonora del veterano Hans Zimmer es verdaderamente espectacular, envolvente, pero no puede acabar de parchear todas las carencias de un guion soso, plano y en varios tramos poco convincente.

 

Tampoco los intérpretes más veteranos acaban de insuflar de verdadera vida -y no por falta de talento- a sus personajes, pues se presentan como muy acartonados y sin matices: buenos intachables malos integralmente perversos.

 

Si esta historia de los amores prolongados en el tiempo entre el ladronzuelo Peter Lake y la tísica Beverly, los hubiera cogido el Henry Hathaway de la época dorada hollywoodiense de “Sueño de amor eterno”, otro gallo hubiera cantado.

 

Cierto, lo admito, que su ambientación, esa atmósfera del Nueva York de 1916 está conseguida, incluso por momentos me trae ecos de la subvalorada “Gangs of New York”, pero tampoco esto tapa ese discursillo “new age” aquí gastado y manoseado.

 

La permanente batalla entre luz y tinieblas, entre ángeles y demonios no presenta tampoco ninguna aportación significativa, más bien constituye un lastre, una excusa para dibujar unos personajes demasiado simplificadores.

 

Y no ayudan demasiado ni un Colin Farrell poco convincente, apalominado, como un joven de 20 años, ni un Russell Crowe bastante rayado, ni unos inapetentes William Hurt, Will Smith y ni la citada Saint en pequeños cometidos.

 

Al final me queda la sensación de asistir a un batiburrillo que ha recogido de aquí y de allá, de Dickens a Nicholas Sparks, pero sin mucho sentido. Su prometedor comienzo y sus chispazos fantasiosos acaban dando paso a los pocos minutos a mucho convencionalismo sin gancho. Y esos saltos temporales que la salpican no tienen el ensamblaje adecuado ni aportan nada. Su aparente buena factura apenas consigue camuflar algunos de estos defectos expuestos.

 

La versión original subtitulada puede obrar el milagro, lo digo muy en serio, de que pueda acabar pareciendo un poco mejor.